El desarrollo infantil es la base sobre la cual se consolida el desarrollo posterior de la persona. Se trata de un proceso dinámico, muy complejo, que se sustenta en la evolución biológica, psicológica y social. (GAT 2000 Libro Blanco de la Atención Temprana).

Los primeros años de vida son muy importantes debido a la gran capacidad de adaptación y de aprendizaje que poseemos, el mundo que nos rodea se convierte en una sucesión de estímulos que nos ayuda a crecer, a evolucionar, a lograr las competencias necesarias para adaptarnos al entorno.

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Los animales, en este caso, las mascotas son una parte importante en el desarrollo de los niños porque enriquecen el entorno. Sabemos que los humanos nos sentimos atraídos de forma innata por los animales (Katcher, Hipótesis de la biofilia, 1993). Este es uno de los motivos por los que el “mundo infantil” está rodeado de animales de juguete, cuentos sobre animales, dibujos de animales… no es una casualidad, sino que nuestro cerebro presta atención selectiva a otros tipos de vida desde que nacemos.

Muchos niños quieren tener mascotas, y realmente crecer junto a su animal de compañía les va a aportar múltiples beneficios a lo largo de todo su desarrollo. Se ha demostrado por medio de varios estudios como el publicado por la revista “Pediatrics” (“Respiratory Tract Illnesses During the First Year of Life: Effect of Dog and Cat Contacts”, 2012), que los niños que conviven con perros y gatos desde bebés ayudan al fortalecimiento del sistema inmunológico, reducen la probabilidad de desarrollar alergias e infecciones tanto de oído como respiratorias y son más fuertes a la hora de combatir enfermedades.

También sabemos que para un niño es mucho más sencillo sentirse identificado con una persona que con un animal pero por esta misma razón le resulta más fácil identificarse con su mascota que con un muñeco, ya que los niños saben intuitivamente que no pueden compartir sus sentimientos con los objetos inanimados (Bender y Rapoport 1944). Las mascotas pueden ayudar a fomentar la comunicación entre los niños y sus iguales, además de influir de forma muy positiva en la adquisición de la empatía y las habilidades sociales tan necesarias para una correcta adaptación al entorno social.

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En etapas tempranas el animal de compañía puede ayudar a que el centralismo y el egocentrismo  que están presentes sobretodo de los 3 a los 6 años puedan evolucionar de mejor manera (Piaget, J. 1984). Al participar en el cuidado del animal el niño favorece su sentimiento de autonomía, aprende a compartir y respetar a otros. Sentirse responsable de alguien mejora nuestro sentimiento de capacidad, de utilidad, de autoestima y autoeficacia.

A su vez, las mascotas son facilitadores del aprendizaje, son motivadores por naturaleza, ya que dan respuestas positivas a las acciones de los niños, reforzando con sus juegos, sus lametones y sus caricias cada intento de interacción que tiene el bebé hacia ellos. Este es uno de los motivos por los que los niños que conviven con animales desde temprana edad tienden a ser más precoces en el desarrollo del lenguaje y también tienen más tendencia a explorar su entorno, a desarrollar sus habilidades motrices y a ser más curiosos que los niños que no conviven con animales.

Los animales son agentes tranquilizadores, son una defensa contra el estrés, la ansiedad y la inseguridad, un elemento que acompaña al niño a lo largo de su desarrollo y le sirve de apoyo ante los retos a los que se enfrenta a diario mejorando la visión que tiene el pequeño de si mismo. Desde un niño que da sus primeros pasos porque quiere alcanzar al gato hasta un niño que tiene dificultades para relacionarse con sus compañeros y cuando va acompañado de su perro si se siente capaz de ello. Todo esto se basa en que el animal acepta al niño sin juzgarlo, sin importarle sus características, su apariencia o sus habilidades, es un ser que le da amor y afecto incondicional, lo que hace que el niño se sienta querido, aceptado y apreciado.

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A nivel terapéutico, los animales se han desvelado como unos poderosos aliados en la intervención de trastornos emocionales y de conducta en niños/as. El psiquiatra infantil Boris M. Levinson (1953) fue pionero en la incorporación de la terapia asistida con animales, arrojando muy buenos resultados en el tratamiento de niños con dificultades.  Los pequeños responden de forma muy positiva a este tipo de terapias, ya que el animal actúa no  sólo como un puente entre el terapeuta y el niño, facilitando la vinculación con el profesional, si no que crea un ambiente distendido de confianza que hace que los niños se sientan cómodos y seguros favoreciendo el trabajo de sus habilidades y la expresión de emociones.

 “No es necesario educar a los niños para que les gusten los animales. Nacen con una simpatía natural hacia ellos, simpatía que va creciendo o disminuyendo en el transcurso de la vida, según la influencia que los adultos ejerzan sobre ellos. Es tarea de todo educador fomentar el amor y el interés de los niños por los animales y educarlos para que los respeten y los traten de manera responsable. Lo cual redundará en el bien de los animales, de los niños y de la sociedad”.

Extracto del libro: Los niños necesitan animales de compañía. Dieter Krowatschek. (Plataforma Editorial, Barcelona).