INTERVENCIÓN EMOCIONAL EN LOS PROGRAMAS DE TERAPIA ASISTIDA CON ANIMALES

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Es habitual que los programas de terapia asistida con animales incorporen objetivos de tipo emocional, sobre todo, aquellos asociados a la mejora del estado de ánimo y la autoestima en colectivos de personas con discapacidad, enfermedad de Alzheimer, riesgo y/o exclusión social, entre otros.

 En nuestra opinión, la inclusión de animales en procesos terapéuticos ofrece una serie de beneficios capaces de generar un clima idóneo para el trabajo emocional.

 –       El animal como un elemento motivador, significativo, capaz de captar la atención del paciente y que aprovecha el terapeuta para intervenir.

–       El animal como una fuente de relajación, generador de una mayor percepción de seguridad y una reducción de los mecanismos de defensa.

–       El animal como cómplice en la adquisición de capacidades, habilidades, actitudes, que revierten en una mejor percepción de sí mismo.

–       El animal como un ser vivo capaz de generar sentimientos de aceptación, disfrute y afecto.

–       El animal como puente, mediador en la comunicación y vínculo con el terapeuta.

 Para nosotros/as es una constante la incorporación de objetivos ligados a la adquisición de competencias emocionales básicas en los participantes. Los animales nos brindan muchas oportunidades para la intervención y capacitación en este sentido, ya que aportan la capacidad de despertar y expresar emociones. Partiendo de aquí,  el equipo de terapeutas debe generar dinámicas en las sesiones que contribuyan a la consecución de objetivos previamente definidos.

 Muy especialmente, en los programas facilitados con animales que llevamos a cabo con niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad, incorporamos animales en las sesiones de terapia buscando el favorecer capacidades que consideramos clave en la intervención emocional:

  • Capacidad de detectar las propias emociones: autoconocimiento

Saber identificar y designar nuestras emociones nos ayuda a poder regularlas, los animales en este caso, colaboran a la hora de generar emociones intensas en los participantes, lo suficiente, como para poder ser detectadas e interpretadas.

  • Autorregulación emocional: autocontrol

A la hora de trabajar el control sobre las propias emociones, los animales son facilitadores de situaciones donde la persona debe aplicar criterios de autocontrol que posteriormente podrá incorporar a otros contextos. Aprovechamos las características etológicas de los animales co-terapeutas para trabajar el acercamiento, lenguaje corporal, tono de voz etc. Los gatos son ideales en este tipo de trabajo ya que son muy sensibles a estos aspectos.

  • Empatía

 La capacidad de identificar emociones en los animales puede ser una maravillosa base para la identificación de estas mismas emociones en personas. La observación de animales e interpretación de sus conductas y motivaciones también puede favorecer  una actitud más empática con las personas. Partiendo de esa capacidad de conectar con las emociones del otro favorecemos la capacidad de ponernos en su lugar.

 Como conclusión, los animales pueden resultar un recurso muy valioso a la hora de favorecer procesos asociados a la mejora del estado de ánimo, nivel de ansiedad y autoestima, además de ser unos fantásticos co-terapeutas capaces de favorecer dinámicas útiles para el trabajo emocional.  La clave está en saber aprovechar las zonas de oportunidad que ofrece la presencia de animales en contextos terapéuticos a partir de una buena evaluación y ajuste de actividades a los objetivos que nos proponemos.